
La foto no es mía, está sacada de aquí y la encontré vía Microsiervos. Creo que es de la "plaza del tripi" en Barcelona.
La imagen habla por sí misma y creo que no necesita ningún comentario...
Si todos los dias te parecen iguales... es que estás currando.

- Nos vamos a la playa... ¿Nos dejas tu coche?
¿Y Manwel? Manwel, amor! ¡Qué no te dejamos tirado! Pero solo teníamos coche para esos dos días y tu currabas!! Bueno, él os puede contar sus experiencias por las playas de Barbate!
Dime que el agua no es agua sino chocolate.
Me miro al espejo
y me quito las legañas del lacrimal.
Comienzo a caminar
y a desgarrar el aire en pasos
Dime que la vida no es vida, sino teatro.

Usuario: ¿Donde dejé mis putas llaves?
Google: Encima del refrigerador, justo donde las dejaste Capullo

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Bueno, seguimos con los cuentos.
III. El Gato.
Hace dos noches caminaba pensativo, absorto en mis propios pensamientos, cuando encontré un gato en el camino. El gato me miraba con unos ojos inteligentes. Me detuve y pensé: quizá este gato sea más libre que nosotros quienes pretendemos tener poder y solo llevamos destrucción. En ese momento el gato maulló: estas siendo vigilado. ¿Vigilado? ¿Por qué? ¿Cual era mi pecado? Me mente era un torbellino... no entendía quién podía sentirse amenazado por mi. Quién podía pensar que mi espíritu ofendía la pureza de muerte de estas tierras... Quién. Por qué. Esas eran las preguntas que rondaban mi cabeza cuando vi un búho que me observaba con sus ojos profundos. Abrió el pico y dijo: estas siendo juzgado. ¿Juzgado? ¿Por qué? ¿Qué pecado había cometido? Mi cuerpo palidecía, mi mente no entendía nada. ¿Por qué? Todo esto me recordaba esas historias que leí en mi juventud: "El Proceso". La sensación kafkiana me inundaba.
No pude contenerlo. Las nauseas llegaron y con ellas los primeros vómitos.
¿He sido tal vez demasiado orgulloso? ¿He mancillado el honor de alguien? ¿Acaso ofendí el espíritu de un hechicero? ¿La realidad de estas tierras?.
Nada tenia sentido.
Al poco tiempo pude recuperarme. Continué mi camino infatigable, no tenía sentido pasarme allí
Vaya. Pensé. La alegría sacudió mi corazón. ¡No tenía nada que temer! Cualquiera que hubiese sido la causa de mi juicio, había sido de